
Se oye a lo lejos el sonido de los fuegos artificiales y las campanas de la iglesia anunciando que llego el gran día, ese día que los devotos esperan con entusiasmo, ese en el que saldrán de sus casas acompañar a su reina, a su excelsa patrona, La Virgen de Altagracia.
Desde muy tempranas horas de la mañana como cada año, cada tercer viernes del mes de enero, comienzan los últimos preparativos para el traslado de la Virgen de Altagracia desde la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe en la Ermita hasta el Templo Matriz, en una festividad que une en una sola voz al pueblo del municipio Jiménez y a devotos de otros municipios del estado Lara, al igual que feligreses de otras partes del país e incluso de otros países que abren su corazón con gran fe, amor y total devoción acompañando en procesión a la patrona del pueblo Jimenense.
Entre cantos y oraciones el festejo se torna grandioso con una multitud de visitantes al santuario en donde algunos con lágrimas en los ojos suplican y agradecen los favores concedidos por La Caimana.
Fanny Goyo es una devota de la Virgen de Altagracia quien año tras año acude a esta peregrinación con gran fervor a dar gracias por el milagro que le fue otorgado tiempo atrás cuando al estar a punto de dar a luz a su hija, sufrió algunas complicaciones que pusieron su vida y la de su bebe en peligro. En medio de la desesperación en este difícil momento, no pudo sacarse de la mente a la Virgen en quien desde muy pequeña a puesto su fe, por lo que comenzó a rezar y rogar a la madre de Dios que todo saliera bien y que su niña naciera sana y salva, y una vez recuperada en gratitud cumplió su promesa de caminar con su hija en brazos durante toda la procesión durante los siguientes cinco años.
La Sagrada Imagen de Nuestra Señora de Altagracia, llamada también por quienes la veneran como “La Caimana”, es de gran valor espiritual para los quiboreños y larenses en general. De igual forma, el templo al que es llevada la imagen es monumento histórico nacional y fue declarado en el año 1999 como Bien de Interés Cultural de la Nación.
Alrededor de la Virgen de Altagracia se han creado mitos y leyendas. Entre los mitos mas resaltantes se dice que ella apareció en el pueblo, mientras que otros pobladores afirman que fue traída por un español. El capitán Gracián Alvarado, quien le dedica la Ermita a la Virgen.
También existen algunas leyendas, la más conocida cuenta que había un terrateniente español, que tenia tres hijas, a él le había sido heredada la Ermita. En ella no tenía a la Virgen de Altagracia, sino a San Tomas de la Villa de Quíbor. Este terrateniente era agricultor y ganadero. El tenía que hacer un viaje a la capital y le pregunto a sus tres hijas que querían que les trajera de regalos. La primera de sus hijas pidió encajes, la segunda unas cintas, mientras que la tercera pidió la imagen de la Virgen de Altagracia.
El terrateniente salió en busca de sus tres encargos. El de las dos primeras hijas lo encontró con facilidad, mientras que el de la pequeña no lograba encontrarlo.
Al llegar al lugar donde se hospedaba le pidió al posero que por favor pagaría el doble a quien encontrará la imagen de la Virgen. Pero pese a las ofertas ofrecidas fue imposible encontrarla. Una noche antes de irse de la posada y regresar al pueblo, el terrateniente exclamo: esa virgen no existe. Esa misma noche llego un viejo con barba blanca y le dijo claro que la virgen existe, metió su mano dentro de un saco y extrajo la imagen de la Virgen. El español alegre porque encontró lo que su hija le había pedido olvidó darle las gracias al anciano. A la mañana siguiente le dijo a sus peones que por favor buscaran a este viejo, pero fue imposible encontrarlo, el anciano nunca apareció. Pero igual el terrateniente dejo una recompensa. Al llegar a Quíbor sus hijas con ansia lo esperaban en compañía de gente del pueblo, fue a raíz de ahí que comenzaron a hacer las procesiones a La Virgen de Altagracia.
Desde que llegó al Valle de Quíbor La Virgen de Altagracia inicio su cadena de milagros. Se cuenta que salvó a Quíbor de las inundaciones.
En Quíbor llovía mucho, una vez llovió granizo, la quebrada de Atarigua se desbordo por las altas precipitaciones. Los conucos se ahogaron, las casas eran tan antiguas que el granizo estaba derrumbándolas además de las inundaciones. Los mestizos comenzaron a clamar a la virgen en busca de un milagro. Ella les apareció logrando así separar las aguas y terminar con las lluvias. Los indígenas viendo esto le llamaron la Caimana mejor conocida como la Caimana de Quíbor.
Los pobladores de la localidad cuando van a La Ermita se persignan y dicen frente a ella. “La Caimana de Quíbor, quien nos cuida de las grandes inundaciones y las aguas le obedecen”.
Es así como empieza esta tradición de fe y fervor a la Virgen de Altagracia y que continúa hasta la actualidad en el que cada día nos encomendamos a nuestra madre María de Altagracia y acudimos a su llamado cada mes de enero. Cuando todos nos unimos como hermanos a venerar a nuestra reina La Virgen de Altagracia.